El valor del entrenamiento mental en maratón.

El Maratón es una disciplina que requiere dedicación y mucho esfuerzo físico y mental por parte del corredor. Los entrenamientos son largos, hay que sumar una determinada cantidad de kilómetros por semana, y, en algunos casos se fraccionan en dos turnos.

Esta prueba es mucho más que una simple especialidad dentro del atletismo. Demanda del atleta mejor estado físico que cualquier otra disciplina, un equilibrio emocional y psíquico que le permita soportar la fatiga, mejorar las propias marcas, superarlas y soportar las distancias.


Más que ninguna otra prueba atlética el maratoniano debe lograr un gran control psíquico y físico que le permita ignorar el dolor y la fatiga cuando ha pasado los primeros treinta kilómetros, y superar la barrera de los treinta y dos con posibilidades de éxito.

Un maratoniano es constante y disciplinado, es resistente al desgaste físico y así como puede perder en las batallas de corta duración siempre triunfa en las de larga.

El corredor de maratón debe estar atento al cronómetro desde que pasa el primer kilómetro, llevando un control exhaustivo de los parciales, es decir, el tiempo que emplea en recorrer cada kilómetro, ajustando o aflojando el paso cuando sea necesario para correr dentro de los márgenes de tiempo esperados y por qué no deseados. Esto se logra desarrollando la capacidad de concentración mediante un programa de entrenamiento mental que requiere tiempo y dedicación por parte del atleta, pero que en situación de entrenamiento y competencia se convierte en una ventaja competitiva.

¿Cuáles son las expectativas del atleta? Esta es una pregunta clave puesto que pone de manifiesto qué es lo que el atleta espera lograr, o se imagina que podría llegar a lograr en la competencia, cómo se anticipa al hecho real que está por acontecer.

El día de la prueba es el punto de llegada luego de un largo período de entrenamiento alternado con otras ocupaciones como el trabajo y la familia, es ‘El día D” tan esperado en el cual podrá poner a prueba su fortaleza física y mental.

El resultado puede ser el esperado o bien el atleta puede rendir muy por debajo de sus capacidades. Cuando esto sucede, es frecuente que el atleta se hunda en un mar de autocríticas y en frases tales como: debería haber hecho tal o cual cosa, “No sé qué es lo que me pasó”, “En el kilómetro treinta y seis sentí miedo… tenía miedo de morirme… de quebrarme… de caerme de boca en el asfalto…”

Estas frases muestran cómo la mente puede influir positivamente o bien puede llegar a entorpecer el logro del rendimiento máximo. Esto ocurre cuando los pensamientos positivos y las creencias racionales se convierten en pensamientos negativos y en creencias irracionales que debilitan al atleta, lo paralizan ya que en estos casos el pensamiento cobra protagonismo y la acción se ve deteriorada por ello debido a que es esa manera de pensar negativamente lo que detiene al atleta.

Frente al fracaso deportivo, hay varias explicaciones posibles. Esto es importante que tanto los atletas y los entrenadores tengan en claro puesto que la única solución frente a esto no es el entrenar más y más duro sino reflexionar acerca de lo sucedido teniendo en cuenta al atleta como un ser bio-psico social., puesto hay casos en los cuales la persona está muy motivada pero sus músculos no responden a las órdenes que envía el cerebro.

La reflexión, lleva a la pregunta, a la actitud de interrogar al atleta de acercándose tratando de comprender si se ha dejado de lado alguna variable importante en la preparación para este tipo de pruebas como la alimentación, el descanso necesario, el chequeo médico-deportivo y la disminución gradual del volumen de entrenamiento a medida que se acerca la fecha de la competencia.

Este es el trabajo que debería tomarse todo entrenador: acercarse al atleta sacando provecho de la oportunidad que tienen de observar cotidianamente el cuerpo del corredor el cual presenta un lenguaje propio que hay que saber leer y comprender.

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