La prueba de esfuerzo para el corredor de Maratón

La víspera de la realización de la prueba de esfuerzo deben realizarse las actividades cotidianas y la dieta habitual con normalidad, pero el entrenamiento debe aplazarse o realizar una actividad aeróbica muy suave para mantener intactas la capacidad muscular y los depósitos de energía de cara al día siguiente.

La primera parte del reconocimiento es una entrevista, en la que se revisan los antecedentes personales y familiares, los hábitos (alimentación e hidratación, horas de sueño, suplementos, etcétera) y la historia deportiva (deportes previos y pauta de entrenamiento actual: ritmos y marcas).

Una vez conocidos estos elementos básicos se realiza la exploración física. Literalmente consiste en un recorrido de la cabeza a los pies, analizando fundamentalmente el aparato locomotor (columna vertebral, movilidad y fuerza muscular en las extremidades, pisada dinámica y estática) y el sistema cardiopulmonar (principalmente mediante la auscultación).

El electrocardiograma basal es la prueba complementaria esencial para obtener información acerca del funcionamiento del corazón en reposo. Se miden también los datos antropométricos básicos (talla, peso y opcionalmente la valoración del porcentaje de grasa corporal),  junto con la tensión arterial en reposo.

Una vez obtenidos todos estos datos se realiza una espirometría, en la que a través del análisis de los volúmenes y flujos pulmonares permite establecer la competencia funcional del aparato respiratorio. Y, en este punto, llega el momento de la verdad.

La prueba de esfuerzo

Los protocolos suelen ser incrementales (se trata de correr en una cita desde una velocidad muy suave hasta donde aguantes con un incremento de velocidad de 1km/h cada minuto, pendiente fija del 1%, carga inicial 6 km/h) hasta llevar al organismo a su máxima capacidad de ejercicio.

Para valorar la respuesta al ejercicio se analizan simultáneamente la evolución electrocardiográfica y de los gases utilizados (oxígeno y dióxido de carbono). Para ello te colocan en el tórax varios electrodos (conectados al electrocardiógrafo) y se adapta una boquilla (similar a las boquillas del tubo de buceo) que permite recoger los datos respiratorios que se envían al analizador de gases, piedra angular del sistema.


El analizador de gases mide la concentración de oxígeno y de dióxido de carbono cada vez que respiras (“breath by breath”) en menos de 150 milisegundos, con un error del 0,02 %, lo que permite estudiar con el máximo detalle la evolución de los gases utilizados durante la prueba de esfuerzo para detectar con precisión.

El protocolo debe ser suficientemente largo como para mostrar adecuadamente los cambios fisiológicos que experimenta el organismo, con lo que tienes que tratar de aguantar hasta tu máximo. La supervisión constante por parte de personal sanitario cualificado (médico y enfermero) es imprescindible para poder garantizar la seguridad del procedimiento. Con la mano, vas haciendo señas a cada incremento de cómo te encuentras y al final, la verdad es que se pasa un poco mal. Quieres aguantar para obtener un mejor resultado, pero empiezas a no controlar la velocidad de la cinta y a sentir miedo de caerte, por lo que tampoco es conveniente pasarse porque más de uno  se ha caído por ese motivo.

Tras unos minutos de recuperación con control electro- cardiográfico y de la tensión arterial, y una vez confirmada la respuesta cardíaca correcta en la fase de recuperación, finaliza la prueba.

Los resultados

Con todos los datos recogidos en el reconocimiento médico-deportivo y en la prueba de esfuerzo se elabora un informe que incluye entre sus conclusiones la aptitud para realizar ejercicio físico (diagnóstico de salud), las recomendaciones generales pertinentes para la mejora del rendimiento deportivo basadas en tus umbrales. Aquí es donde es necesario entender un poco que información es importante en el informe que se obtiene de una prueba de esfuerzo.

INTERPRETACIÓN DE LA PRUEBA DE ESFUERZO.

Lo primero es saber que se consideran tres fases de ejercicio separadas por dos umbrales que os describo a continuación. Es necesario tener el concepto también de consumo de oxígeno.

El consumo máximo de oxígeno es la máxima cantidad de oxígeno que el organismo puede absorber, transportar y consumir por unidad de tiempo, por lo que expresa la respuesta integrada de todos los elementos que participan en este proceso (aparato respiratorio, corazón, sangre, músculo, etcétera). Su determinación ayuda a establecer la capacidad de ejercicio aeróbico del individuo, y puede mejorar con el ejercicio aeróbico practicado de forma regular.

El modelo trifásico propuesto por Skinner y McLellan en 1980 establece tres fases durante el ejercicio incremental, en el que aumenta de forma progresiva la intensidad del ejercicio realizado

1 En la primera fase (hasta el primer umbral) que podríamos denominar de adaptación al ejercicio el organismo pasa de un estado de equilibrio en reposo a otro estado de equilibrio en ejercicio. Para ello se producen los ajustes necesarios en lo que respecta a la frecuencia cardíaca, ventilación pulmonar, aumento del aporte de sangre a los músculos, etcétera.

2 En la segunda fase (entre primer y segundo umbral) el organismo se encuentra en equilibrio, con un aporte suficiente de oxígeno a los músculos y una eficaz eliminación del dióxido de carbono y del ácido láctico producidos.

3 En la tercera fase (a partir del segundo umbral) se rompe el equilibrio previo, acumulándose rápidamente el ácido láctico, lo que ocasiona un aumento en la formación de dióxido de carbono que obliga, a su vez, a un aumento de la ventilación pulmonar para eliminar el dióxido de carbono.

El primer umbral.

Es el momento de la transición entre la fase 1 y la fase 2. Skinner y McLellan lo denominaron umbral aeróbico; y Orr, en 1982, umbral ventilatorio 1 (VT1). En este punto (aproximadamente al 60-70 por ciento del consumo máximo de oxígeno en deportistas bien entrenados) se produce una estabilización en los valores respiratorios (consumo de oxígeno y de dióxido de carbono y ventilación) que se mantiene durante la fase 2 hasta el segundo umbral.

El segundo umbral.

Denominado umbral anaeróbico por Skinner y McLellan y umbral ventilatorio 2 (VT2) por Orr, es la determinación principal para valorar la capacidad del deportista para el ejercicio de resistencia y la evolución del rendimiento con el entrenamiento. En esencia, el cambio que se detecta en el segundo umbral se debe al paso de metabolismo predominantemente aeróbico a predominantemente anaeróbico en las células musculares (con rápida acumulación de lactato dentro del músculo y en la sangre), a una intensidad de ejercicio que corresponde aproximadamente al 85-90 por ciento del consumo máximo de oxígeno en deportistas bien entrenados.

Conclusiones:

Conociendo en nuestro caso particular nuestros umbrales, podremos adaptar la intensidad de nuestro entrenamiento sabiendo en que zona queremos trabajar. Estos umbrales los determina nuestro corazón, pero en la prueba, esto se transforma a velocidades de rodaje, con lo que sabes a qué velocidad te encuentras en cada una de las fases. Y lo que es más importante, sabremos en que umbral nos debemos mover el día de nuestra prueba (en este caso el maratón) si no queremos colapsar.

Fuente:

http://inspira-fit.com/prueba-de-esfuerzo/

 

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