Lesiones del menisco en el ciclista

Lesiones del menisco en el ciclista

La importancia de conocer la nutrición de los meniscos de rodilla, se debe a las frecuentes lesiones que se dan en los mismos.

Son las lesiones más comunes en el complejo estructural de la rodilla. El elemento en cuestión, se divide en dos zonas: una vascularizada sita en la zona externa y, otra no vascularizada, en la zona interna. En caso de lesión, si afecta a la primera zona, cabe la posibilidad de cicatrización, la cuál no es posible si se localiza en la segunda.

Hay tres regiones diferentes que responden a la nutrición de los meniscos y se relacionan con la posibilidad de rehabilitación después de una lesión (ver Fig.). La primera región se denomina roja, se encuentra en los bordes externos de cada menisco (constituye la porción de los meniscos que recibe irrigación directa) y es la zona con mejor pronostico a la hora de la rehabilitación. La segunda zona se denomina roja-blanca, está ubicada alrededor de la región mencionada anteriormente, y generalmente tiene una buena recuperación luego de lesiones. La tercera y última región, se llama blanca, constituye la parte más interna de cada menisco y las lesiones que se ubiquen en esta zona son las que menos probabilidades de recuperación tienen.  

Funciones del menisco

a) Absorbe los choques y/o transmisiones de carga en la articulación: evita el impacto entre el fémur y la tibia, gracias a su estructura elástica soporta las tensiones provocadas por el apoyo de la pierna.

b) Ayuda a lubricar la rodilla: mediante la secreción del líquido sinovial.

c) Limitación de los extremos de la flexión y extensión: actúa como tope.

d) Estabilizador de la rodilla

Con la edad el menisco va perdiendo parte de su porcentaje de agua, la pérdida de hidratación implica una disminución en su elasticidad, un proceso degenerativo que hace la zona más frágil, facilitando su ruptura.

Mecanismos de ruptura meniscal

Estadísticamente, el menisco interno es más propenso a la ruptura, como consecuencia de la aplicación crítica de fuerzas de tracción, compresión o una suma de ambas.

El mecanismo lesional más común es la suma de soportar el peso corporal y, un movimiento incorrecto en la zona, esto es, forzar la flexión unida a la rotación de la articulación; o bien, una extensión unida de nuevo a la rotación. Ambas confluencias de esfuerzos, provocan la compresión del menisco, cuando la acción se produce de una forma más violenta o bien de manera muy reiterada, puede producirse la lesión. El sentido de la rotación, determina la zona afectada del menisco.

Factores que favorecen la ruptura

1) Laxitud ligamentosa: Facilita el mecanismo lesional en extensión principalmente.

2) Insuficiencia muscular: Hace que la rodilla este más desprotegida, existe una menor estabilidad de la misma.

3) Hábitos laborales: ciertas profesiones exigen con frecuencia posturas forzadas en flexión

4) Desviación de las rodillas en valgo o en varo: esto provoca una mayor compresión en ciertos compartimentos de la rodilla. En genu varo, las rodillas separadas con forma de “( )”, se produce una mayor compresión en la zona interna de la rodilla. En genu valgo, con rodillas en forma de “X”, se produce mayor compresión en el compartimento externo.

5) Obesidad: A mayor peso la presión a soportar en la rodilla es mayor.

6) Esfuerzos violentos: La práctica deportiva, la ejecución de gestos extremos, aumenta el riesgo de lesión.

7) Desgaste: En ocasiones, el mecanismo lesional puede ser algo tan cotidiano como bajar una acera o un peldaño, se da un apoyo un poco más fuerte de lo habitual sobre esta estructura ya castigada y se acaba por romper.

Síntomas de rotura meniscal

1) Dolor: En un principio no presenta una ubicación definida, con el tiempo se suele ubicar en la zona posterior. Es habitual que el dolor aparezca en acciones de la vida diaria como son subir y bajar escaleras o cuestas.

2) Antecedentes traumáticos: El sufrir un episodio con una acción violenta en las situaciones anteriormente descritas (flexión o extensión unidas a la rotación).

3) Derrame sinovial: Como respuesta inflamatoria a la lesión de la estructura meniscal Este derrame, ocasiona un aumento de presión en la rodilla que, En las situaciones en la que la presión es grande, hace necesaria la punción para extraer el líquido.

4) Bloqueo: Se produce una incapacidad en la ejecución de movimientos de la rodilla, sobre todo en la extensión. El bloqueo se puede dar por:

4.1) Bloqueo antiálgico: En respuesta al dolor, los tejidos se retraen, limitando la extensión.

4.2) Derrame hemorrágico: Provoca el citado bloqueo.

5) Chasquido: El desplazamiento sobre el cóndilo de la superficie irregular del menisco provoca un ruido o chasquido. Este chasquido también puede asociarse a otras situaciones como puede ser la artrosis, con lo cual habrá que relacionar este aspecto con otros puntos diagnósticos.

Diagnóstico

1) Antecedentes: Se Debe tener en cuenta si existe un antecedente traumático. Asimismo, aspectos como la edad, hábitos, prácticas deportivas, ocupación laboral del sujeto, pueden darnos indicios de la posible lesión.

2) Exploración: Mediante palpación de puntos propensos al dolor, esto es, el espacio en la mitad de la rodilla o, la unión de tibia y fémur. Otras pruebas, a realizar por un especialista, consistirán en flexionar la rodilla y rotar posteriormente el pie, siempre de manera suave. Si estos gestos provocan dolor, pueden significar una lesión meniscal.

3) Síntomas: Se han citado en el punto anterior.

4) Pruebas complementarias: La R.M. suele ser el método más fiable, siendo prácticamente inútil la radiografía de la zona.

Tratamiento

Las terapias actuales utilizadas en lesiones de meniscos, buscan preservar y reparar el tejido dañado, ya que la pérdida de gran parte del tejido meniscal está asociada con cambios degenerativos en la articulación, llevando frecuentemente a la aparición de osteoartritis. En un principio se tomarán las medidas de:

1) Frío local: efectivo durante las primeras 72 horas. Se utiliza la típica bolsa con cubitos de hielo o el cold pack (bolsa estanca con un gel en su interior que se enfría en la nevera); en caso de carecer de estos medios nos puede servir una bolsa de guisantes congelados o similar, Nunca en contracto directo con la piel para evitar quemaduras por congelación. Lo habitual es mantenerlo unos 20 minutos cada dos horas.

2) Reposo mínimo de 24 a 48 horas, para evitar aumentar la lesión.

3) Vendaje compresivo elástico, no rígido para no cortar la circulación de la sangre.

4) Elevación de la extremidad durante varios días. Si el paciente está tumbado, se coloca una almohada bajo la pierna, de forma que el pie esté más alto que el corazón. Si el paciente se sienta, apoyará la pierna sobre una silla.

5) Si existe derrame se puede aplicar un masaje con hielo o evacuatorio para disminuir el dolor.

A continuación se va a singularizar el tratamiento dependiendo de la zona afectada:

Lesión en la zona vascularizada:

1) Reposo de 7 a 10 días. Siguiendo las medidas anteriores.

2) Trabajo de potenciación muscular: se han de evitar esfuerzos y trabajos en las posiciones que actúan como tope en la rodilla (máxima flexión y máxima extensión). El trabajo de fortalecimiento ayudará a que la carga soportada por el menisco sea menor (nuestro preparador físico en la sección de “pico de forma” os puede ayudar en un programa de trabajo).

3) El período de dolor suele oscilar entre 10 y 20 días. Cuando hablamos de deportistas el período de descanso de práctica deportiva suele rondar el mes o mes y medio. Según la magnitud de la lesión en la estructura meniscal. Lo ideal es hacer otra resonancia control para corroborar que la cicatrización ha sido correcta.

4) En este grupo se encuentran los denominados “pinzamientos” del menisco. Son consecuencia de una compresión (normalmente en los bordes o cuernos del menisco), esto hace que se inflame el menisco a consecuencia de una pequeña rotura o desgarro de la zona. El período de recuperación suele ser de 10 a 15 días. El tratamiento es el arriba descrito.

Lesión en la zona no vascularizada:

Los primeros pasos son similares al tratamiento anterior en sus dos primeros puntos. El segundo es un elemento de trabajo previo a la intervención quirúrgica.

Cuando la afección en el menisco implica una intervención quirúrgica para proceder a su extirpación, cabe la duda de las bondades o perjuicios de la operación. En la intervención se procura reducir al máximo la zona a eliminar. Si la rotura se produce en una zona interna no vascularizada, se intenta extirpar el menor volumen posible para poder garantizar la funcionalidad futura del menisco; si la rotura se produce en la periferia se procede a realizar una sutura o una reinserción.

Como respuesta a la duda anterior, se ha comprobado a raíz de diversos estudios que el carecer de menisco acelera la aparición de problemas de artrosis en la articulación de la rodilla. Actualmente se ha empezado a trabajar con el implante de menisco, se trata de una técnica experimental, recomendada en pacientes propensos a la aparición de artrosis en la articulación. La técnica en si es controvertida y, precisa de ciertos requerimientos que imposibilitan a un amplio espectro de la población recurrir a la misma, entre ellos ser menor de 50 años.


Ciclismo en el corredor (2ª parte)

MÚSCULOS RESPONSABLES DEL PEDALEO

1) La bajada del pedal produce la mayor cantidad de fuerza para desplazar la bici. La secuencia de bajar el pedal es un movimiento combinado de extensión de rodilla, extensión de cadera y extensión de pie.

2) Los músculos utilizados preferentemente en la bajada de pedal son el cuádriceps, para extender la rodilla, el glúteo e isquiotibiales, para extender la cadera y el tríceps sural (gemelos + soleo), para extender el pie.

3) La subida de pedal es la fase intermedia del pedaleo y, desde el uso de rastrales o pedales automáticos, genera una fuerza adicional para desplazar la bici.

4) Los músculos utilizados preferentemente en la subida del pedal son el psoas-ilíaco y recto anterior del muslo para flexionar la cadera; los isquiotibiales para flexionar la rodilla; y el tibial anterior para flexionar el pie.

Para analizar cuáles son los músculos responsables del pedaleo, hay que explicar cuál es el movimiento deportivo que se utiliza para pedalear.

Todo movimiento deportivo podemos dividirlo en fases o procesos parciales. Hay diversos modelos estructurales usuales para analizar las fases del movimiento: por fases temporales, por fases funcionales y según secuencias.

Para simplificar lo analizaremos según la estructuración en fases temporales, que divide el movimiento deportivo, según su transcurso espacio-temporal.

En los deportes con movimientos acíclicos, en los cuales se realiza el objetivo deportivo en una sola vez (saltos, lanzamientos atléticos), hay tres fases: fase preparatoria, fase principal, y fase final.

En un salto de longitud la fase preparatoria es la carrera de aceleración, la fase principal es el impulso y el vuelo (el salto propiamente dicho), y la fase final es la caída sobre la arena.

En los deportes de movimientos cíclicos, cuyo transcurso se repite múltiples veces (correr, nadar, remar, pedalear en bicicleta), las fases se fusionan en dos, pues a fase final del ciclo anterior, coincide con la fase preparatoria del ciclo siguiente. Su estructura es bifásica: fase principal y fase intermedia.

Independizando los movimientos en cada extremidad inferior en la actividad ciclista, podemos hacer coincidir el pedalear en dos fases: una, bajar el pedal, que es la fase principal, donde se genera la mayor parte de la fuerza de desplazamiento de la bicicleta, y la otra subir el pedal, fase intermedia que es final y preparatoria de la fase principal.

La fuerza desarrollada para bajar el pedal es 200 veces mayor que la desarrollada para subirlo. Aunque ésta sea la fase que genera la mayor parte del desplazamiento de la bicicleta, subir el pedal, sobre todo desde que se utilizan rastrales o pedales automáticos, genera así mismo una fuerza que aumenta la potencia de la pedalada.

La bajada del pedal se efectúa por los músculos que extienden la cadera (glúteo e isquiotibiales), y sobre todo, los que extienden la rodilla (músculo cuádriceps), así como los extensores del pie (músculo tríceps sural: gemelos más sóleo).

Del total de potencia teórica desarrollada para bajar el pedal, la extensión de la rodilla produce más del 50%, siendo la participación de la extensión de la cadera, cercano al 35%, y la extensión del pie el resto.

Como vemos, el músculo cuádriceps, en su acción de extensora de la rodilla, es el más importante en la tarea de pedalear.

El músculo glúteo y los isquiotibiales, completan la acción con la extensión de la cadera.

.Para subir el pedal, la flexión de la cadera y de la rodilla aportan casi el 100% de la potencia desarrollada, la flexión dorsal del pie el resto. Los músculos flexores de la cadera son el psoas-ilíaco y el recto anterior del muslo. La flexión de la rodilla la efectúan los isquiotibiales (semimembranoso, semitendinoso y bíceps femoral).

Aunque la extremidad inferior sea el causante directo de la pedalada, hay otras zonas del cuerpo que no debemos olvidar, que participan en una medida no despreciable en el rendimiento ciclista.

Los músculos de la extremidad superior, del brazo, son importantes. En velocidad normal, los músculos extensores de la extremidad superior (tríceps braquial), dirigen la bicicleta y mantiene una posición óptima del tronco. En el esprint, el trabajo de los flexores del miembro superior (bíceps braquial, braquial anterior y supinador largo), y de los fijadores del hombro, están en primer plano.

También un buen entrenamiento de los músculos abdominales y del dorso (músculos espinales) es necesario, a fin de que puedan transmitir a los miembros inferiores la fuerza complementaria generada por los miembros superiores.

El cuadriceps Es el músculo más importante de la pedalada. Es el encargado de la extensión de rodilla, que como veíamos, anteriormente, genera la mayor parte de la potencia para bajar el pedal.

Lo constituyen cuatro músculos, (cuádriceps significa en latín literalmente “cuatro cabezas”): el vasto interno, el vasto externo, el crural y el recto anterior femoral. Los tres primeros nacen en la cara anterior del hueso fémur, el recto anterior lo hace en la parte anterior de la pelvis.

Los cuatro forman un tendón común, el tendón rotuliano que, englobando a la rótula, se inserta en la tuberosidad anterior de la tibia.

Este tendón debe soportar tensiones muy importantes, por lo que es frecuente que se sobrecargue y se produzcan sobre él inflamaciones en forma de tendinitis.

Además de su función primaria, la extensión de la rodilla, el cuádriceps, por medio del recto anterior, produce también la flexión de la cadera

El glúteo mayor Es uno de los músculos más potentes del organismo. Su función en la pedalada es la extensión de la cadera. Su origen va desde el hueso sacro al ilíaco o cadera, insertándose en la cara posterior del hueso fémur.

Mediante la extensión de la cadera, aparte de generar tensión y potencia en la bajada del pedal, se puede hacer una puesta en tensión previa del músculo cuádriceps, lo que le confiere una mayor fuerza para la extensión de la rodilla. Es lo que se hace al ponerse de pie sobre los pedales, de esa manera aumenta considerablemente la potencia y se puede demarrar. Si la cadera está flexionada reduce el estiramiento del recto anterior y por tanto su potencia.

Los isquiotibiales Llamados así porque van desde el isquión (en la cadera) hasta la tibia (en la pierna). Lo componen tres músculos: el semitendinoso, el semimembranoso y el bíceps femoral. Están en la parte posterior del muslo. Su acción primaria es doblar o flexionar la rodilla, aunque ayuda al glúteo mayor en la extensión de la cadera de manera importante, por tanto actúa tanto en la subida como en la bajada del pedal.

Los tres músculos tienen un origen común en la tuberosidad del isquión de la cadera. El semitendinoso es el más interno, insertándose en la parte anterior de la tibia, formando tendón común con el sartorio y el recto interno, el famoso tendón de la “pata de ganso”, asiento frecuente de tendinitis. El semimembranoso está por debajo del semitendinoso, insertándose en la cara interna de la tibia.

El bíceps es el músculo más externo de la parte posterior del muslo. Como su nombre indica (dos cabezas), tiene dos porciones: una porción larga que nace del isquión, y una porción corta que nace de la cara posterior del fémur. Luego forman tendón común, para atarse en la cabeza del peroné. También en éste suelen aparecer frecuentemente las tendinitis.

Los isquiotibiales participan también de forma indirecta en la flexión de cadera, ésta depende -en gran medida- de la posición de la rodilla y del grado de elasticidad y estiramiento de los músculos isquiotibiales. Si éstos no tienen un buen precalentamiento oponen una fuerte resistencia al movimiento, y una acción de extensión brusca (velocidad) los someten a un estiramiento importante.

Siendo a la vez los extensores de la cadera y flexores de la rodilla, se produce una contracción muscular para la extensión de la cadera y un estiramiento muscular para la extensión de la rodilla. La simultaneidad de la contracción y del estiramiento muscular puede fácilmente, sobre todo en ausencia de un precalentamiento, entrañar lesiones musculares.

El no hacer un entrenamiento de elasticidad, o hacerlo de forma incorrecta, lleva a la aparición de las lesiones por sobrecarga

El tríceps sural El músculo tríceps sural (tríceps = tres cabezas), compuesto de los dos gemelos y del sóleo, contribuye en un 90% en el esfuerzo muscular de la extensión del pie. Además, puesto que cruza la rodilla y se inserta en el fémur, ayuda a la flexión de la rodilla.

A pesar del gran desarrollo que se ve en los ciclistas profesionales, los gemelos tienen un papel relativamente secundario en la bajada del pedal, en relación al papel preponderante que juegan el cuádriceps, el glúteo mayor, y los isquiotibiales. De todas formas aporta su granito de arena, que en el esfuerzo máximo puede ser la diferencia en el triunfo.

El músculo sóleo nace en la profundidad de la cara posterior de la tibia y los dos gemelos, el interno y el externo, parten del fémur, de unas zonas denominadas cóndilos femorales, en la parte más baja del hueso.

Los tres músculos se reúnen en un tendón común denominado tendón de Aquiles, que se ata en el hueso calcáneo del pie. No suele ser asiento de tendinitis en el caso del ciclista, aunque en el triatleta sí, ya que en la carrera a pie, el tendón de Aquiles se sobrecarga debiendo tener especial precaución en la selección del terreno y de las zapatillas.

El psoas-ilíaco Es el músculo que junto al recto anterior del muslo produce la flexión de la cadera y colabora de forma importante en la subida del pedal.

Se compone de la unión de dos músculos, el psoas ilíaco. El primero nace en la parte anterior de la columna vertebral, en la última vértebra (D12) y las cinco vértebras lumbares (L1 a L5), y el segundo de la cara anterior del ala ilíaca en la cadera, haciendo tendón común en la cara anterior del fémur.

Las tendinitis son raras, aunque la contractura y acortamiento del psoas-ilíaco suele estar presente de forma casi constante en los que padecen dolor lumbar o lumbalgias. Es fundamental incluir en los planes de entrenamiento ejercicios de estiramiento específicos para los flexores de cadera.

 

La combinación de la carrera a pie y la bicicleta ayudan al equilibrio de la musculatura de las piernas.

En la carrera la mayor parte del trabajo los llevan a cabo los isquiotibiales (músculos de la parte posterior del muslo) y los gemelos. La musculatura que se utiliza en la bicicleta estática es el cuadriceps ( músculos de la parte anterior del muslo) y glúteos; a su vez la bicicleta no sobrecarga las articulaciones (tobillos, rodillas…) como lo hace la carrera a pie en sus zancadas al golpear con el suelo.

El resultado en la carrera es más rápido que con la bicicleta, no obstante nos declinaremos por ésta última si la persona tiene sobrepeso para no forzar las articulaciones.

Ambos ejercicios son aeróbicos y trabajan la condición cardiovascular.

Si estos dos ejercicios se combinan mutuamente se puede conseguir una buena forma física global.

Más datos:

Durante el pedaleo, el ciclista realiza una flexión de entre 10º y 15º con el pedal de abajo y de 110º-115º de flexión con el pedal de arriba.

Durante el ciclo del pedaleo se produce una rotación obligada de la tibia debajo del fémur.

En extensión completa, la tibia se encuentra en una rotación externa de 17º con relación a la posición del fémur. Con la flexión progresiva de la rodilla, la tibia gira hacia dentro de forma que a 30º de flexión se anula dicha rotación externa. Ello implica que exista un cierto grado de libertad de la cala del pie para seguir dicho movimiento.

Si existe una rigidez de la flexión (tendón de Aquiles corto, ruptura muscular gemelar…) se produce una dificultad en el ciclo del pedaleo (dificultad en superar el punto muerto superior).
Ello provoca una hiperpronación e hipersolicitación de la articulación subastragalina obligando a una rotación tibial interna, lo que favorece la sobrecarga de los músculos rotadores externos (bíceps femoral y tensor de la fascia lata). Los principales rotadores internos de la tibia son los músculos sartorio, recto interno, semitendinoso (“pata de ganso”) y poplíteo.

Existe una autentica ventaja moral con respecto a ser capaz de impulsar el desarrollo más grande. Y no solo en el terreno profesional sino los aficionados e incluso los cicloturistas utilizan en muchos casos desarrollos de profesionales.

Utilizando un desarrollo demasiado grande el esfuerzo muscular en cada pedalada es más intenso y el ciclista adoptará una cadencia de pedaleo más lenta. Esta situación incrementa no solo la carga de trabajo sobre el músculo cuádriceps sino también el tiempo que dura este trabajo. Por lo tanto se producirá una mayor tensión en el aparato extensor. Además, al incrementarse el trabajo muscular el ciclista tiene tendencia a echarse hacia delante. Esta postura aumenta en algunos grados la flexión de la rodilla y la presión que se ejerce sobre la articulación fémoro-rotuliana.

 


Ciclismo en el corredor

Ciclismo en el corredor (1ª parte)

 

 

 

Montar en bicicleta es una forma efectiva de actividad aeróbica de bajo impacto, que proporciona un nivel adecuado de puesta a punto del sistema cardiovascular y que está asociada a poco riesgo de lesiones de columna.

Con el ciclismo de carretera, existe la duda de que pueda practicarse por personas con problemas de espalda.

La posición en flexión es beneficiosa para los pacientes afectos de estenosis del canal lumbar, aunque no hay que olvidar que esta posición aumenta la extensión de la columna cervical y puede producir contracturas en la región cervical y dorsal interescapular (entre los omóplatos).

En caso de artrosis lumbar, sobre todo de las carillas articulares, la postura en flexión que exige la bicicleta puede resultar muy beneficiosa y aliviar el dolor de la columna vertebral.

Problemas frecuentes:

Dolor lumbar: Lo aqueja el 10 por ciento de los ciclistas de competición y se atribuye a la postura de hiperflexión mantenida y constante de la columna, acompañada de una rotación del tronco hacia la extremidad que está en flexión y que efectúa el pedaleo.

Dolor cervical: se observa en el 10 por ciento de casos y se debe a la posición mantenida de hiperextensión, necesaria para que la cabeza pueda mantener la vista al frente. También puede estar provocado por un manillar demasiado bajo en relación al sillín, con lo que el peso del cuerpo se traslada a las manos y transmite una sobrecarga excesiva a la musculatura de los hombros y a la parte alta de la columna.

 El ciclismo, recomendable para la rehabilitación de las articulaciones

Este deporte mejora ostensiblemente la salud de quien lo practica.

“Quien monta regularmente en bicicleta se ahorra visitas al médico. Aunque se empiece a realizar ejercicio a una edad avanzada, los resultados son palpables. Las personas que sufren las típicas molestias de dolor de espalda, sobrepeso y enfermedades cardiovasculares podrían gozar muchos años de buena salud si se decidieran a usar la bicicleta”.

“Una práctica deportiva moderada, de 45 a 60 minutos diarios, tanto en jóvenes como en mayores, produce mejoras en el metabolismo, sistema inmune, articular y óseo”.

Dolor de espalda

Tradicionalmente se ha pensado que la bicicleta podía ser perjudicial en personas que sufrían de dolores de espalda; sin embargo una buena postura sobre la bicicleta no sólo no daña, sino que mejora notablemente la fuerza de los músculos que soportan la columna vertebral. Cuando el ciclista adopta una postura óptima sobre el sillín con el torso ligeramente inclinado hacia adelante -unos 10 grados- la musculatura de la espalda está bajo tensión y estabiliza el tronco. “Los movimientos regulares de las piernas fortalecen especialmente los músculos que sujetan la columna vertebral de la zona lumbar y previenen la aparición de hernias discales; también mantiene a la columna protegida de vibraciones y golpes”. Además estimula los pequeños músculos de las vértebras dorsales.

Articular

Las articulaciones son otra de las zonas beneficiadas por el ciclismo: “Al montar en bicicleta, entre el 70 y el 80 por ciento del cuerpo se apoya sobre el sillín; por eso, las articulaciones no soportan todo el peso y pueden ejercitarse sin sufrir tanto”. También es bueno para el cartílago: “El movimiento continuo lo nutre y ayuda a que se desarrolle”.

El ciclismo produce un impacto mucho menor en las articulaciones que otras prácticas deportivas como andar o correr. “El impacto sobre la cadera al andar corresponde al 120 por ciento del peso corporal; cuando se corre este porcentaje se eleva a casi el 200 por ciento. Al andar el bicicleta se reducen estos daños”.

El ciclismo no sólo proporciona beneficios articulares y musculares, sino que también se han observado mejoras en la función del sistema inmune y la frecuencia cardiaca.

“Al montar en bicicleta el ritmo del corazón aumenta y la presión sanguínea baja: este órgano trabaja economizando”. Se ha comprobado que las personas que andan en bicicleta de forma habitual reducen su colesterol LDL, responsable de la calcificación de los vasos sanguíneos.

También se ha detectado que la práctica deportiva continuada, como el ciclismo, mejora el sistema inmune. “En Alemania hay más de 200 grupos de enfermos de cáncer, con más de 10.000 pacientes, que realizan un programa de ciclismo 3 o 4 veces por semana. Entre los que están incluidos en el programa se ha apreciado una reducción de mortalidad frente a otros enfermos que no realizaban ninguna práctica deportiva”.

El ciclismo es una práctica muy recomendable para personas que no hayan realizado ejercicio antes y que tenga miedo a que otros deportes afecten al comportamiento de sus articulaciones.

En España, poco

El 69 por ciento de la población española admite que no monta en bicicleta. Este dato contrasta con la afición al deporte en el norte de Europa, donde el uso de la bicicleta es tres veces superior. Incluso en España, la zona norte tiene un mayor número de ciclistas habituales: Navarra, La Rioja, País Vasco y Cantabria cuentan con un 44,3 por ciento de aficionados, que contrastan con el pobre 25,5 por ciento de ciclistas en Madrid y el 10,3 por ciento de Canarias. Estos datos proceden de una encuesta realizada por Demoscopia sobre el uso de la bicicleta entre 1.000 españoles, encargada por Selle Royal, una empresa fabricante de sillines.

“Es curioso que se vaya en bicicleta mucho más en los países nórdicos, donde la meteorología es mucho peor. En España ayudaría el desarrollo de infraestructuras que favorezcan la práctica; ésta es una de las peticiones que se deben hacer a la Administración”, ha dicho Ingo Fröbose, profesor de Rehabilitación de la Universidad de Colonia.

   


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