El tabaco en el deporte

El tabaco en el deporte
 
       
 
El tabaco en el deporte tiene tres vertientes muy diferentes, por un lado el efecto del consumo del tabaco por el deportista y la utilidad de la práctica de un ejercicio para facilitar la desintoxicación y por otro la financiación de algunos como los de motor e incluso los de aventura que precisan su colaboración para mantenerse, o eso creen. Este último es un tema que se aparta del deporte como ejercicio y salud y pertenece más al circulo de actividades económico-financieras de las grandes compañías, empresas e industria, por lo que su estudio y evaluación merecen la atención de personas expertas en esos ámbitos económicos más que en los fisiopatológicos del ejercicio.

Tabaco y salud

Es bien conocido que, debido a su combustión incompleta el humo que desprende el cigarrillo de forma espontánea entre "calada " y "calada", la llamada corriente secundaria, contiene sustancias más nocivas e incluso algunas en mayor cantidad que el aspirado directamente. 
Igualmente es conocido que la corriente secundaria no solo es molesta, como prueba el hecho de que al 60% de la población le molesta el humo del cigarrillo (incluso un 25% de los fumadores de más de 30 cigarrillos al día), sino que además tiene efectos negativos para la salud del no fumador. Tales efectos, a pesar de estar suficientemente probados aún siguen siendo cuestionados y considerados como hallazgos de unos pocos estudios aislados. Nada más lejos de la realidad: 
Los fumadores que trabajan en locales cerrados junto a fumadores, se llevan cada día a sus pulmones el tóxico equivalente a seis cigarrillos. Una hora en un bar "cargado de humo", equivale a tres cigarrillos fumados. El riesgo del cónyuge que convive con un fumador a sufrir cáncer de pulmón es doble del que no esta expuesto. No puede admitirse, por tanto, que persista la ignorancia ni siquiera la duda a nivel social, sobre los riesgos del fumador pasivo; máxime cuando la evidencia sobre este concepto constituye el motivo por el que se esta haciendo cada vez más frecuentes normas por las que se reglamenta o prohíbe la supresión de fumar en los Centros sanitarios, áreas públicas y lugares de trabajo.

La importancia del consumo del tabaco por parte del individuo que hace ejercicio se centra en dos compuestos principales el monóxido de carbono (CO) y la nicotina. El monóxido de carbono es un gas y uno de entre los más de 2000 que se desprenden del humo de un cigarrillo junto con otros gases como el anhídrido carbónico, el metano y los hidrocarburos saturados o no. 

El CO se une a la hemoglobina de la sangre con una gran afinidad formando carboxihemoglobina (COHb). Esta afinidad es más grande que la del oxígeno por lo que se produce una variación en el intercambio de gases en el aparato respiratorio, y se alteran las posibilidades de transporte sanguíneo del oxígeno hacia el músculo provocando en suma una hipoxia relativa (una cierta falta de oxígeno por los tejidos que están en activo). Este hecho hará que el músculo se fatigue antes y también se recupere más tarde. 


En un estudio los sujetos que fumaban entre 10 y 12 cigarrillos tenían un 5% de COHb y los que fumaban de 30 a 40 más de un 10%. Es importante, además, tener en cuenta que puede tardarse más de un día en retornar a los niveles normales de COHb en sangre. En otro lugar se encuentra la nicotina del tabaco que por su parte provoca una liberación de sustancias de carácter adrenérgico (estimulante) que tienen unos efectos cardiovasculares y neurovegetativos que se manifiestan en el ejercicio con un aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial para las mismas cargas de trabajo que cuando no se ha fumado previamente, lo que provoca un trabajo adicional del corazón durante el ejercicio.

 

A su vez, la nicotina, también favorece que aparezcan trombos al facilitar la adhesividad de las plaquetas entre sí a la zona interna de los capilares arteriales (endotelio). Toda esta suma de elementos contribuye a alterar la circulación sanguínea y la irrigación de los tejidos. Cabe pensar, con cierta razón, que los riesgos de padecer una patología aguda debida al consumo del tabaco aumentarán si el fumador crónico se halla en zonas de hipoxia (disminución de oxígeno) o si hace ejercicio en esas condiciones ambientales como puede ser en grandes alturas, o lo hace a una gran intensidad no estando preparado, o si tiene ya previamente alteraciones de su aparato cardiocirculatorio y/o respiratorio y no ha sido evaluada su intensidad de trabajo de seguridad (mediante una prueba de esfuerzo con medición de gases respiratorios y monitorización cardiaca). 

Sin embargo que los fumadores no se asusten (del todo). Ejercicios de moderada intensidad como la práctica del esquí, no provocan variaciones importantes o diferentes a las de los no fumadores si se practica por lo menos a alturas inferiores a 2500 m., tienen un cierto nivel de práctica del deporte y no tienen una enfermedad de fondo. Como se demostró en un estudio sobre una población importante de esquiadores fumadores y no fumadores realizada por miembros de la Sociedad Española de Respiratorio. 

El mensaje que se desprende de lo anunciado hasta ahora es de que si un fumador desea hacer ejercicio para divertirse o para mejorar su salud, pero no quiere dejar de fumar ¿?, debe procurar hacerse un buen chequeo cardiorespiratorio de esfuerzo. Siempre debe ser así sobre todo si tiene pensado iniciar una actividad de cierta duración o intensidad en altura como el trekking, el esquí de montaña, o como viajes a países de la altura como Perú, Méjico o el Nepal donde espera hacer excursiones donde un cierto nivel de preparación será muy saludable. 

Los efectos negativos del consumo del tabaco en la salud y en concreto en el ejercicio deben valorarse con seriedad dado que pueden haber influenciado de manera muy importante en algunas de las expediciones malogradas a las cimas importantes del mundo o expediciones polares que no sólo no alcanzaron sus objetivos sino que sufrieron finales verdaderamente patéticos.

En lo que respecta al rendimiento deportivo, los profesionales de "elite" saben que el consumo de tabaco aumenta en más de un 10% el gasto energético basal y que un aumento de los niveles de carboxihemoglobina reducen la capacidad de conseguir un consumo máximo de oxigeno en una proporción casi linear. Así un aumento de un 5% disminuye las posibilidades de un rendimiento máximo un 5%. Aunque esto no interfiera en trabajos a ritmos e intensidades moderados porque hay una buena compensación cardiocirculatoria (si no hay alteraciones por el consumo de tabaco sostenido o por otra razón) sí limita los esfuerzos sostenidos a intensidades altas. 

Además, hay estudios puntuales que demuestran que el consumo de tabaco en las féminas puede favorecer las fracturas de estrés por una disminución de sus niveles séricos de estrógenos y en consecuencia de su densidad mineral ósea. 

La conclusión es obvia, el consumo de tabaco no sólo estropea directamente los pulmones, el corazón, las arterias… e indirectamente otros órganos, piezas principales de la herramienta que utiliza el deportista para su trabajo, su cuerpo, sino que además su uso implica una disminución del rendimiento físico de una forma importante. Por eso en los estudios epidemiológicos los deportistas son de los profesionales menos fumadores. Entre ellos esta proporción es un triángulo cuya base la forman los deportes técnicos con un trabajo físico competitivo menor y el vértice los deportes de más intensidad y duración, es decir que requieren una buena oxigenación de los tejidos.

 
Edad pulmonar
 

Hay un concepto interesante en el tema del . Es el concepto manejado por los médicos de “edad pulmonar”. Si por ejemplo tomamos a dos personas de 30 años y uno de ellos no fuma mientras que el otro fuma como una bestia, cronológicamente sus respectivos pulmones tendrán treinta años, pero según el concepto de edad pulmonar los pulmones del no fumador marcarán 30 años, mientras que los del otro pueden marcar 50.

Al ver fotos como estas uno se pregunta si efectivamente la cosa que está a la derecha es un pulmón. Sí, se trata de una simple recreación material, pero sirve para ver cómo son los pulmones de una persona no fumadora y hasta qué punto y en qué estado pueden llegar a quedar los pulmones de un fumador.

Como los pulmones son un órgano interno que no se ve, difícilmente se tome conciencia del daño que se les está causando al encender un . Pero si el fumador entra en conciencia de cuánto daño le está causando a sus pulmones con esas pitadas de humo, tal vez la aversión hacia el tabaco comience a gestarse en él.

Al menos esto parece indicar una investigación publicada en el British Medical Journal en la que se demuestra que un fumador que conoce su edad pulmonar puede ser más proclive a dejar el que otro que comienza a darse cuenta del estado en el que están sus pulmones cuando ya es demasiado tarde

El deportista medianamente inteligente y el que se preocupa por su salud no puede valorar de ninguna forma la posibilidad de fumar. No existe la excusa del control de la ansiedad. Para ese fin existen muchos medios de los que ninguno tiene los efectos nocivos del tabaco a corto o a largo plazo en uno mismo o en el vecino. Por lo tanto, actividad física moderada, controlada, alegre y distraída sí, es saludable, pero siempre sin tabaco.
 
Efecto del aumento de los niveles de carboxihemoglobina COHb en el consumo máximo de oxígeno en el individuo sano. Obsérvese la disminución proporcional del rendimiento al aumentar la COHb.

Aparte de estos claros motivos por los que uno tiene que convencerse de que vale la pena dejar de fumar, hay que añadir que al dejar de fumar se recupera el sentido del olfato y del gusto de forma que se pueden obtener sensaciones más intensas y más variadas al tomar un dulce, una comida o al oler un perfume. La capacidad respiratoria mejora con la abstención tabaquera, lo cual repercute en una mejoría evidente en la practica del ejercicio físico. Por otra parte, dicho ejercicio es una de las claves del cambio de vida de un fumador que quiere dejar de serlo. En este sentido el deporte se convierte en un punto clave en este proceso de reflexión del abandono de la dependencia al tabaco. Deporte es salud y el tabaco es incompatible con ambos.

Consejos para vencer la dependencia del tabaco

- Compra siempre una sola caja (no almacenes). 
- Declina todos los cigarrillos que te ofrezcan. – Aclara a tus amigos que estás empeñado en disminuir tu consumo de tabaco. 
- Retira la caja después de cada cigarro. 
- Fuma solamente cigarros con filtro. 
- Fuma el primer cigarro del día después del desayuno o el café. 
- No pidas ningún cigarro a tus compañeros, si se te han acabado los tuyos. 
- Cambia la marca de cigarros después de cada caja. 
- Mete en una hucha la diferencia de dinero entre lo que gastabas antiguamente en fumar y el que empleas en la actualidad. 
- No fumes más por la calle. 
- No fumes más en la cama, ni por las mañanas ni por las noches. 
- No fumes nunca para ahogar el apetito. Coma algo de fruta para distraerte o un caramelo. 
- Vacía y limpia el cenicero después de cada cigarrillo. 
- Después de cada calada, deja el cigarrillo de la mano, poniéndolo en el cenicero. 
- Deja la cajetilla tan lejos de tu alcance, que tengas que levantarte e ir a otra habitación cada vez que quiera fumar. 
- Respira profundamente 3 veces antes de encender un cigarrillo. 
- Deja el mechero y las cerillas siempre en casa, y oblígate cada vez a pedir fuego. 
- No fumes nunca conduciendo el coche. 
- Toma conciencia antes de fumar un cigarro de lo que quieres hacer, y aguarda 2 minutos todavía para encenderlo. 
- No fumes mientras aguardas a comer. 
- Deja de fumar durante un trabajo manual, como el escribir o recoger las cosas. 
- Fuma el cigarro sólo hasta la mitad. 
- A partir de hoy, aguarda 5 minutos antes de encender el cigarrillo. 
- Vacía siempre tu mismo el cenicero y apártalo todas y cada una de las veces de tu vista. 
- Si deseas fumar un cigarro, no lo fumes inmediatamente. Aguarda 10 minutos. 
- Levántate inmediatamente después de comer, sin encender el cigarro y comienza rápidamente con alguna otra ocupación. 
- No fumes si estás esperando a alguien. 
- Aprieta y apaga el cigarro después de la primera calada y enciéndalo de nuevo. 
- Estando en compañía, fuma solamente un pitillo cada hora. 
- Inhala sólo cada dos caladas. 
- En casa, fuma solamente en un lugar fijo, pero nunca en tu sillón preferido, sino más bien en una silla, la más incómoda. 
- No fumes jamás durante la conversación con un compañero o un conocido. 
- Cuando estés fumando, no te entretengas con nada más – no leas, bebas o veas la tele. 
- No fumes en reuniones de negocios o conferencias. 
- No fumes jamás cuando otros fumen en tu presencia. 
- Prueba a no inhalar nunca más al fumar. 
- No fumes durante tu horario de trabajo. 

 

 
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